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"La Universidad
del Siglo XXI"
Por Fernando Vigorena
Consultor
Asociado Internacional
Ernesto
Yturralde & Asociados S.A.- Entrepreneur Consultores, Chile
Educar viene del latín Educare, que significa "sacar para
afuera", pero al parecer todavía la Universidad del siglo XXI está más
orientada en "colocar más información" a los alumnos en sus mentes
que enseñarles a pensar.
Una Universidad que forma "clones", jóvenes que no están
dispuestos a "cambiar el mundo" o el status que en que están las
cosas, sino más bien para adaptarse a las circunstancias, que piensan igual y
que se enorgullezcan de tal hecho.
En un mundo donde el conocimiento, y mucho más la información, tiene
fecha de vencimiento igual que el yogurt, necesitamos re-pensar la
Universidad como un todo. Al parecer la Universidad está perdiendo el rol de
generadora de nuevos conocimientos ¿o será que ya no esta interesada en
cumplir ese rol?
Me llama la atención el despliegue publicitario de muchas
Universidades en Chile y en el mundo, que privilegian el tamaño de sus
dependencias, bibliotecas, número de carreras, acuerdos internacionales y lo
que es común en todas ellas, lo que se suele llamar "Excelencia
académica", que en buen castellano significa que "no hay cambio
alguno, todo se hace igual que siempre". Todo esto ha llegado a la Universidad a distanciarse cada
vez más de "el mundo real"; de la empresa, de las necesidades del
nuevo mundo en que vivimos. Su principal enemigo, la internet y los cambios
de paradigmas y el misterio que rodea los miles de millones de pesos que se
invierten en investigación, muchas de ellas que sólo benefician a un círculo
cerrado.
A R R I B A
Es necesario entender a la Universidad en una función formadora,
conceptuada como una unidad de generación de valores, como un paso en el
desarrollo del ser humano, como una entidad educativa y no solo informadora.
Debemos pensar en Universidad como la valorización de diferencias y
talentos y no una escuela vocacional capacitando y formado gente para un
oficio particular.
La vida de los oficios es ahora muy corta si se a compara con la vida
profesional, lo que hace necesario preparar un hombre no solo para el
presente, sino también para el futuro. No debemos olvidar que la Universidad
esta obligada a descubrir los talentos y capacidades de cada persona,
desarrollándose, permitiéndole que todo eso se abra como una flor en
primavera. A la gente hay que interesarla por cuestiones que a lo mejor nada
van a tener que ver con su profesión inmediata. Esa será la forma de que,
después, en ese primer puesto de trabajo, se destaque por la creatividad, por
realizar cosas diferentes a los demás. Ahí reside la clave de la eficacia
frente a la competitividad.
Efectivamente, las Universidades han sido siempre un poco islas. La
idea de los campus, por ejemplo, es la de un relativo aislamiento de las presiones
inmediatas. Ello porque el Universitario debe prepararse no para adaptarse al
entorno sino para cambiarlo. Y para ello, el estudiante debe desentenderse un
poco de lo inmediato. Así es más importante que lea libros que periódicos. Lo
que hay que enseñar es, claramente, a pensar.
Lo más importante es una Universidad no es que se construyan
edificios, sino que se generen nuevas ideas. Esa es la verdadera obligación
de un directivo, de un rector. Formar a un ser humano que este más adentro
que arriba, es decir, influir más que mandar, las ideas más que el poder. Que
el amor a la verdad sea más fuerte que el afán del poder.
Necesitamos dar el paso de una sociedad en la que lo dominante no sea
el racionalismo político y económico a otra en la que lo que despunte es la
solidaridad, la cultura... todos esos aspectos emergentes de la vida. Una
sociedad en lo que el mundo vital posea más importancia que la tecno-estructura.
Todo esto me lleva a pensar en una re - invención de la Universidad, que no
solo produzca "ejecutivos, funcionarios, empleados y burócratas, gente
dependiente, para favorecer organizaciones establecidas".
De una Universidad que produce adeptos, seguidores y empleados, para
llegar a producir líderes empresariales, favorecer la creación de nuevas
organizaciones, producir individuos innovadores independientes capaces de
asumir los riesgos propios a la creación de nuevos emprendimientos.
Gente que no valga por lo que sabe, sino por lo que hace con lo que
sabe.
A R R I B A
Se puede asegurar que una vida que merece la pena vivirse es la de una
gran idea tenida en la juventud y desarrollada en la edad madura Pero
lamentablemente estamos acostumbrados a recibirlo todo desde arriba. Una
visión demasiado jerárquica y estamental todavía, en la que la burocracia y
el mercantilismo siguen teniendo mucha importancia, en cambio creemos menos
en la libertad concertada de los ciudadanos.
Debemos aportar más por la vida, no tanto por la organización y sí por
las ocurrencias, la jovialidad, el aire festivo, incluso, por lo divertido.
Ortega y Gaset, lo llamaba "voluntad de aventura".
Eso es lo falta en las Universidades chilenas y a muchos
países.
Pero ¿cómo se aprende esa voluntad de aventura en nuestras
universidades? Bueno, con lo que esta más a mano; con la lectura. Chile, es
un país donde se edita o llegan muchos libros, pero desgraciadamente, se lee
poco. Pocos buenos periódicos, pocas revistas de valor, pocos libros. El
chileno es dialogante, diría mejor, oyente, una persona irreflexiva, medita
poco.
Hay un desprecio hacia las humanidades, la filosofía, el arte. Porque
en definitiva, un empresario aprende las cuestiones técnicas con relativa
facilidad. Estas además cambian constantemente. O sea, lo técnico varía y se
aprende pronto. En cambio, lo humano es lo que permanece y lo que es más
difícil de aprender. En una empresa, en una organización de cualquier tipo.
El 90% de los problemas que se plantean son humanos, de análisis de
situaciones, de tratos con personas, de relaciones. Los grandes errores se
cometen por dejarse llevar exclusivamente por las técnicas. Debemos modificar
sustancialmente el concepto de que los profesionales no deben estar expuestos
al riesgo y que deben buscar empleos estables y seguros. Por lo tanto hay que
habilitar profesionales con capacidad y deseos de tomar riesgos y saber
transformarlos en realizaciones.
Se hace necesario entender que el profesional universitario no solo
está habilitando técnicamente, sino que debe además poseer formación
intelectual, de valores, ética y moral, características que lo transformen en
ser solidario y completo. Recordemos que la persona es el objeto de la
educación y no la profesión.
A R R I B A
Debemos lograr que nuestra cultura tenga conciencia de que el
ejercicio profesional de este siglo esta vinculado a un nuevo paradigma, que
va más allá de mantener un puesto y que el éxito de un profesional se mide
ahora no con el parámetro del titulo del cargo y el sueldo percibido. La
forma de medir el éxito profesional en el siglo XXI a través del logro, la
auto-realización, el desarrollo de carácter, la independencia, la
responsabilidad social, el ser generador de empleo. También por el número de
personas que derivan su sustento de la acción del profesional, contribución
económica al país, producción intelectual, solidaridad con los otros, etc.
Se hace imperante desarrollar el valor de la autosuficiencia, para
salir del molde del empleo como forma exclusiva de desarrollo, para
desarrollar la flexibilidad mental para buscar un mayor desarrollo
emprendedor y profesional en nuestro país. Debemos entregar a nuestros
profesionales una perspectiva de largo plazo no solo en sus decisiones
organizacionales, sino también en sus actividades personales.
Entre todas las opciones profesionales me inclino por el desarrollo de
la capacidad emprendedora, no entendida solo como la creación de empresarios,
sino la habilidad para llevar a cabo acciones que generan resultados.
Ernesto Yturralde & Asociados,
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publicación citando al autor y la fuente (www.yturralde.com).
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